Comentario Nº 101, 15 de noviembre de 2002
Bush: El miedo venció a la esperanza
El presidente Bush se ha abierto camino, tanto en las elecciones estadounidenses como en el Consejo de Seguridad de la ONU. Con la victoria de Lula la esperanza venció al miedo; con la victoria de Bush, el miedo ha vencido a la esperanza. En la administración Bush reina ahora la satisfacción. Piensan que pueden llevar hasta el final su programa. Cuentan con un Congreso y un Consejo de Seguridad que seguirán cumpliendo la agenda de Bush. Piensan que han acorralado a Saddam Hussein.
¿Cuál es su agenda? Lo principal es que tienen una agenda a corto plazo y otra a largo plazo, pero nada en medio. Su agenda a corto plazo en los propios Estados Unidos consiste en satisfacer a los tres sectores que les apoyan: los conservadores económicos, los conservadores sociales y los militaristas prepotentes. Los conservadores económicos están interesados ante todo en dos cosas: impuestos más bajos y reducción de las restricciones que les han impuesto ciertas consideraciones ecologistas. Los conservadores sociales están interesados en legislar la sexualidad, en penalizar más duramente la delincuencia, y en la libertad para poseer y utilizar armas. Los militaristas prepotentes están interesados en reforzar la potencia militar estadounidense y en utilizarla.
Esos objetivos a corto plazo se pueden llevar a la práctica convirtiendo en permanentes los recortes de impuestos, poniendo fin al impuesto sobre la propiedad inmobiliaria, nombrando jueces de derechas para los tribunales federales e invadiendo Iraq. Ahora que tienen el poder para hacer esas cosas, las harán. Lo único que se puede decir de la administración Bush es que no se andan con chiquitas. Sólo hacen las concesiones que se ven absolutamente obligados a hacer; en otro caso se van abriendo camino a machetazos por todas las selvas. Sin duda encontrarán algunos obstáculos en su camino: alguna dificultad ocasional en el Congreso (uno o dos senadores filibusteros, algunos republicanos "moderados" que vacilan con respecto a algunos proyectos de ley determinados), un intento de otros países de interpretar las futuras acciones de Saddam Hussein menos biliosamente que la versión que oiremos a Condoleeza Rice. Pero la respuesta de la administración Bush a los obstáculos es la acción brutal para superarlos. Y como eso parece que ha funcionado este mes de noviembre, no tienen motivos para enmendar sus modales.
¿Pero por qué ha funcionado? Parece claro que la respuesta es el miedo: el miedo del pueblo estadounidense y el miedo del resto del mundo. El 11 de Septiembre hizo temblar a los estadounidenses. Pero eso se debió a que ya estaban angustiados, y el 11 de Septiembre simplemente cristalizó un sentimiento vago convirtiéndolo en una preocupación acuciante. El pueblo estadounidense teme a los terroristas; teme a los musulmanes; teme a los extranjeros. Percibe que Estados Unidos ya no es tan fuerte como lo fue en otro tiempo, que no se le respeta tanto como en otro tiempo, que no se le aprecia tanto como en otro tiempo. Es el miedo a que el nivel de vida estadounidense se vea en peligro: el miedo a la inflación y a la deflación, el miedo de perder de empleo. Es el miedo a que, si viven más tiempo, ya no vivirán tan bien, ya que los cuidados sanitarios para los ancianos son mucho más endebles de lo que la gente espera y quiere. El presidente Bush responde a ese miedo, no diciendo que no haya un problema, sino diciendo que hay un problema para el que él tiene el remedio: la acción decidida y vigorosa. La administración Bush desborda confianza en sí misma y eso atrae a la gente atemorizada, al menos a quienes prefieren votar por la rudeza.
Por supuesto, nada de esto explica cómo consiguió Estados Unidos una votación 15-0 en el Consejo de Seguridad para su resolución; una resolución algo descafeinada sin duda, pero que permite a Estados Unidos seguir adelante, y en el momento adecuado invadir Iraq. Lo que explica esa votación es también el miedo. Pero no es Saddam Hussein quien lo inspira. No hay ni un solo miembro del Consejo de Seguridad que, de no ser por el impulso de Estados Unidos, hubiera planteado esa cuestión sobre la mesa. Ni un solo miembro cree realmente que Saddam Hussein suponga una amenaza a corto plazo para la paz del mundo, ni que la acción contra Iraq sea una preocupación prioritaria de la comunidad mundial.
Así pues, ¿por qué todos ellos acabaron votando a favor de la resolución, hasta Francia, Rusia y China, hasta Siria? La respuesta es muy simple. Todos ellos temen a la administración Bush. Ha dejado claro que emprenderá cualquier acción punitiva que esté en sus manos contra cualquier país que se le ponga por delante, no sólo Isla Mauricio o Siria, sino Alemania o Canadá. Por eso cada uno de esos países ha tenido que sopesar las consecuencias a corto plazo de la rebeldía. Y el precio parecía alto. Así pues, aunque vacilaban y consiguieron algunas concesiones para salvar la cara (no demasiadas), al final se doblegaron. Hubo un tiempo en que los amigos y aliados de Estados Unidos se alineaban felices tras el liderazgo estadounidense en una crisis mundial. Esa época terminó. Ahora se alinean de mala gana porque temen, no a Estados Unidos en abstracto, sino concretamente a la administración Bush.
Un factor que hecho posible esa situación ha sido el colapso mundial del centro reformista. Hay un notable paralelo, al que la prensa no ha prestado atención, entre las últimas elecciones francesas y las últimas elecciones estadounidenses. Se esperaba en un principio que los socialistas ganarían en Francia. Y se esperaba en un principio que los demócratas ganarían en Estados Unidos. Ambos perdieron por un margen muy estrecho. Le Pen sobrepasó a Jospin en la primera vuelta por una escasa diferencia. Un desplazamiento de 50.000 votos en dos estados norteamericanos habría dado a los demócratas el control del Senado estadounidense.
Hubo un factor común a ambas derrotas: El agotamiento del programa histórico de los dos partidos. En ambos países, un gran número de votantes veía que su partido no mantenía sus posiciones, que trataba de imitar a los conservadores, aunque perdiera su base. Se trata de un reflejo del largo declive de los movimientos tradicionales de centro-izquierda, que en otra época dominaron la escena mundial. A continuación de las elecciones, a ambos partidos les falta un líder claro y un programa claro. Se ven acosados por debates internos sobre si deben moverse más hacia el centro (y tratar de quitar unos pocos votos a los conservadores) o hacia la izquierda (y tratar de recuperar los votos de los desilusionados). No es una opción táctica fácil, porque en cualquiera de los dos casos perderán votos igual que los ganarán. Y ninguna táctica funcionará si no hay un programa claro. ¿Pero lo habrá?
Así pues, a corto plazo, parece probable que la agenda Bush pueda prevalecer. A largo plazo, la administración Bush sabe también lo que quiere: menos restricciones a la adquisición de riqueza (sea cual sea el resultado en polarización nacional, social y económica mundial); el retroceso de los hábitos sociales liberales que han envuelto la escena mundial; y estructuras autoritarias de facto, para las que la democracia no es otra cosa que cambios menores entre grupos de elite cada pocos años.
¿Pero pueden pasar de la agenda a corto plazo a la agenda a largo plazo? La administración Bush simplemente supone que puede hacerlo; y no malgasta su tiempo pensando en etapas intermedias. Ese es su talón de Aquiles. ¿Pueden realmente contener los estragos que originará la invasión de Iraq en la política de Oriente Medio? ¿Están dispuestos realmente los estadounidenses medios a dedicar su dinero y las vidas de sus hijos a respaldar la agenda de Bush, especialmente si no retribuye seguridad y prosperidad, algo que es muy improbable que haga? ¿Puede aguantar realmente el dólar tensiones adicionales sobre su credibilidad? ¿Puede realmente Estados Unidos bloquear la proliferación nuclear? ¿Puede contener el levantamiento populista que se está produciendo en América Latina? ¿Cuánto tardarán China, Japón y Corea en llegar a un acuerdo común que no satisfará en absoluto a Estados Unidos?
La agresiva apertura ajedrecística de la administración Bush ha sido espectacular. ¿Pero ha sido prudente, incluso desde su punto de vista? ¿Puede realmente el miedo vencer a la esperanza durante mucho tiempo?
Immanuel Wallerstein (15 de noviembre de 2002).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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